Porque era él, porque era yo...

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Improbable. Altamente improbable. Así veíamos casi todos la idea de que Kaká y Özil pudieran rendir en un mismo once. Imposible. Totalmente imposible. Así nos parecía lo que está ocurriendo delante de nuestros ojos con estos dos magníficos futbolistas en los últimos partidos jugados por el Real Madrid. Sinceramente, todo parecía separarles, hacerles incompatibles. Uno llegó a la capital de España con un Balón de Oro debajo del brazo, con fama y con un estatus que imponía muchísimo respeto, cuando el otro tenía todo por demostrar en la mejor Liga del mundo. Uno sufría para salvar su puesto de titular y el otro sólo pensaba (lógicamente) en cogerle su sitio. Uno arrastraba lesiones y molestias y el otro desbordaba salud. Uno es brasileño y cristiano, el otro alemán de origen turco y de religión musulmana. Uno es un hombre casado, asentado y con hijos... Y el otro un joven soltero.
Pero la magia de la vida y del fútbol hace que nadie pueda predecir nunca lo que va a crear la unión de dos personas. Kaká y Özil parecían destinados a evitarse y resulta ahora que su colaboración es talismán para las victorias del conjunto blanco. Queríamos oponerles y los dos se han lanzado flores públicamente en sus comparecencias. ¿Por qué salió así? No veo ninguna explicación lógica. Así que sólo puedo parafrasear al filósofo del siglo XVI Michel de Montaigne que, para definir su amistad con el poeta Étienne de la Boétie, simplemente escribió: "Porque era él, porque era yo...".



