El Dakar ha perdido su crédito
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Correr el Dakar es un desafío mayúsculo. Una competición maratoniana, por algunos de los parajes más inhóspitos del planeta, afrontando obstáculos naturales temibles, de una dureza brutal, con un coste elevadísimo para los participantes... Condiciones excepcionales que la han convertido, a lo largo de más de tres décadas, en una carrera única que ha conquistado a miles de pilotos, casi adictos a su grandeza. Buena parte de una grandeza que este año ha perdido por una cacicada sin precedentes de los comisarios deportivos, con el único objetivo de que Despres ganara en motos. El francés no es un vencedor legítimo y lo sabe, pero incluso más grave es que la organización se haya hipotecado de esa manera, quedando en evidencia con semejante arbitrariedad.
El colmo de la desvergüenza viene cuando Etienne Lavigne, el director de la organización, intenta convencernos de que los ocho minutos que le devolvieron al hoy tetracampeón del Dakar no han tenido influencia en el resultado final, en el desarrollo de la prueba. Claro, como es injustificable que ASO, empresa francesa, favorezca a un piloto francés sólo le queda el recurso de argumentar que ese tiempo es intrascendente. Pues casi peor, porque además de hacer trampas parece que nos toman por tontos. A Despres le pusieron una alfombra roja hacia la victoria y a Coma le obligaron a arriesgar día sí y día también. Que apechuguen con su desprestigio y al menos no insulten al sentido común. Ya les tocará hacer cuentas con su conciencia...




