La Gala de Zúrich y los cinco puntos
Yo sí creo en el Balón de Oro. Lo digo porque siempre que llega este día veo mucha gente escéptica, diciendo que esto es juego de equipo, que es difícil comparar, que una vez se lo dieron a Sammer, que hay mucho márketing... Bueno, pues yo sí creo. La relación después de tantos años muestra a los mejores, con la salvedad de que en los primeros tiempos sólo era para europeos (de ahí que falten Pelé y Maradona, por ejemplo). Eso se subsanó. Y ahora que la FIFA, tras tratar de hacer la competencia, decidió fundir su FIFA World Player con el premio clásico de France-Football, me parece mejor aún.
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Y esta vez no hay discusión con Messi, porque no ha habido Mundial que emborrone sus proezas en el Barça. Messi el primero, Cristiano el segundo, Xavi el tercero. Guardiola el mejor entrenador, saltando sobre Mourinho al que, cara a cara, ha ganado las principales bazas, disponiendo ambos de cartas parecidas. Con todo ello, la Gala fue una fecha feliz más para el Barça, a cuyos ciento trece años de historia homenajeó sentidamente Guardiola en su alocución en inglés, rematada con un guiño al terruño cuando saltó al catalán para su dedicatoria especial a Tito Vilanova, su brazo derecho.
El Madrid no estuvo. Hubiera tenido una presencia secundaria pero notable, con cuatro jugadores en el once ideal. Pero la mano que pone los horarios de los partidos le dejó sin ese gusto o sin ese dolor, que no sé lo que hubiera sido. Anoche desembarcó en Málaga sin cara de fiesta. "No hay rotaciones, vamos con todo", dijo Mourinho. En el horizonte se dibujan nuevos Clásicos. El Barça ya ha hecho su tarea. El Madrid, sólo la mitad. Hoy va por la otra media, con un buen Málaga enfrente. Y no va triste ni desanimado. Saca cinco puntos de ventaja al equipo que ayer fue la estrella en la Gala de Zúrich.




