Esperando este partido media vida...
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Cuesta trabajo imaginar que mi amigo Pedro fue aquel duro Fernández que forjó su leyenda en los años setenta. A sus 65 años, camina con una cierta cojera por culpa de una cadera que no para de darle la lata. Está calvo, tiene nietos, va al parque y a charlar de fútbol a la tienda de Lázaro, su confidente. Es un abuelo como otro cualquiera. No le gusta hablar de lo que pasó con Amancio; es de los que dicen que en el fútbol todo queda en el campo y está convencido de que todo aquello le condicionó para el resto de su carrera. Que fue un accidente. Cuando le saco el tema se pone en guardia y lo justifica, dice que le provocaron en el Bernabéu dos años antes que si un choque, un pisotón, insultos. Pero cada día que pasa le intuyo más blandito, como si quisiera cerrar con un abrazo aquella herida que un día abrió con los tacos.
Un grupo de amigos planificaba el viaje al Bernabéu durante la Navidad de 1976 para ver a su Granada. Uno de ellos se sintió cansado y dijo: "Chavales, que no puedo ir, estoy un poco resfriado; pero el año que viene voy con vosotros con seguridad". Pero el año siguiente no pudo ir, ni el otro, ni el otro Ahora ese chico que entonces tenía 25 años, tiene 61. Esta tarde se sacará la espina en el Bernabéu con sus dos nietos. Por eso hoy seremos en Madrid más de 5.000 aficionados rojiblancos, porque sabemos cuánto tiempo hace que el Granada no se enfrenta al Real Madrid pero no sabemos lo que queda para la próxima vez.



