Mourinho, Casillas, vacaciones y relajo
"Yo no soy galáctico, soy de Móstoles", dijo un día Casillas, y su cuna, agradecida, le consagra una avenida con su nombre. Un acto grato en una tarde festiva, víspera de Reyes, en el que la chiquillería mostoleña pudo acercarse al ídolo. Pero en el inevitable encuentro con los periodistas no fue posible soslayar las palabras de Mourinho el otro día, cuando tras el partido con el Málaga se quejó de la forma en que interpretan las vacaciones algunos de sus jugadores. Viajes largos, algunos cambiando de continente, de estación del año, de clima. Y comidas y bebidas inapropiadas. Y pasa lo que pasa.
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Y lo que pasó fue que en el primer tiempo ante el Málaga el Madrid no estuvo y Mourinho tronó al final. Hubiera cambiado a los once, dijo. Sólo cambió a tres porque no podía cambiar más pero, dicho sea de paso, cambió a los que menos se quejan, no a los que peor estaban ni necesariamente a los que más lejos se habían ido. Casillas, capitán, interpelado ayer, defiende las vacaciones como un espacio de disfrute y desconexión, aunque no haya que dejar de pensar en fútbol. Pero el equipo dejó de pensar en fútbol, no volvió a pensar en él hasta el descanso, con cero a dos en contra y una bronca encima.
Entiendo el enfado de Mourinho, pero su desahogo en la conferencia de prensa da lugar a estas hablillas que luego tienden a prolongarse. Su tarea es concienciar al equipo para que salte al campo vivo y en tensión aunque venga de las vacaciones, y fallo suyo es no conseguirlo hasta que un 0-2 le ayuda al hacer las cosas evidentes. Para montar la bronca después vale cualquiera. Lo difícil es convencer a los jugadores de que no viajen lejos, no coman polvorones y salgan al campo con toda seriedad. Y, por cierto, a la cabeza de los despistados estuvo Casillas. Ayer pudo aprovechar para reconocerlo.




