El Dakar siempre nos mantiene alerta
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Sólo un día atrás, en este mismo espacio, decía yo que veía a Marc Coma más maduro y preparado que nunca... y, ¡zas!, va y se pierde a las primeras de cambio. Nada extraordinario, sin embargo, sigo pensando lo mismo y de hecho a los imprevistos constantes de esta bendita locura llamada Dakar también me refería al citar al mayor enemigo de las ambiciones del catalán, idénticamente que de cualquier otro piloto. Es una carrera que, día a día, siempre nos ofrece dos caras, jamás una jornada es perfecta para todos. Mientras que Coma cedía el liderato en motos al tomar el camino equivocado (con un déficit de tiempo nada preocupante a estas alturas de competición), Nani Roma se anotaba su primer triunfo de etapa en coches. Cara y cruz para dos compatriotas, dos amigos, dos ganadores de la gran aventura del desierto...
Por eso es importante que los pilotos salven cada jornada sin mirar mucho más allá. Por supuesto que todos tienen sus objetivos particulares para cuando alcancen la meta de Lima, pero hay que priorizar la inmediatez, ir etapa a etapa minimizando los riesgos que están presentes en cada kilómetro, en cada roca, a la salida de cada curva o al descender cualquier duna... Y ésa es parte de la grandeza del Dakar, lo que lo convierte en una competición única en la que nadie tiene garantías ni puede relajarse, por mucho que su condición de favorito parezca inamovible. Y sus protagonistas lo saben muy bien, lo que mantiene la emoción hasta el último kilómetro del último día de carrera. Cosas del Dakar...




