Producto del brujo de Fustiñana

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Monreal creía que podía ser titular en el Málaga y lo ha conseguido. Sueña que puede estar en la lista de 23 de Del Bosque para la Eurocopa y va camino de lograrlo. Y está convencido de que tomó la mejor decisión cuando cambió Pamplona por el ilusionante proyecto de Málaga, donde persigue un éxito colectivo que era casi imposible (aunque tocó la gloria en 2005) en Pamplona. Monreal tiene motivos para creer que todo es posible porque él ha vivido experiencias alucinantes. Hace años, harto de ser atacado por las anginas que le impedían jugar con continuidad y estaban poniendo en peligro su crecimiento como futbolista, acudió desesperado a Fustiñana, pueblo navarro con fama de brujos. Un gurú tocó sus muñecas e hizo el milagro. Monreal curó y se olvidó de las anginas.
Así que Monreal, hermano casi de sangre de Azpilicueta, Zipi y Zape les decían cada uno de arriba hacia abajo por los carilles del viejo Sadar, se lo tomó con filosofía cuando contra pronóstico Pellegrini prefirió el perfil ofensivo de Eliseu para el lateral. Ha trabajado como un buen profesional y ha aprovechado su oportunidad con hambre, como hacen los buenos competidores. Dejó un partidazo ante el Espanyol en el que además demostró que es mucho más que un lateral sobrio. Hizo un control primoroso en un balón de Duda y fabricó medio primer gol. Aunque, sin duda, lo mejor de Monreal es su agresividad y sus buenos conceptos defensivos. A pocos defensas se ha visto marcar con tanta intensidad y a veces con éxito a Messi. Es lo mejor que tiene y lo que, posiblemente, deba contagiar a sus compañeros en el Málaga para terminarlo de convertir en un equipo creíble. Si no, que se los lleve al brujo de Fustiñana.



