Un domingo cargado de emociones
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Pasé toda la mañana del domingo con el corazón en un puño, con un nudo en la garganta. La clausura del Mundial en Valencia rebosó emociones, recuerdos, añoranzas... Un gran premio muy especial que me sirvió para corroborar, una vez más, que éste es un deporte único. Por eso me apasiona, por eso me entusiasma. Empezó el día con el sentido homenaje a Simoncelli, con esa extraordinaria imagen (hasta donde yo sé por primera vez en la historia del campeonato) de las motos de las tres categorías rodando juntas como anticipo de ese ingenioso 'minuto de ruido' que no podía tener un mejor escenario que Cheste. Y después llegó el título de Nico Terol, tan deseado, tan trabajado, que además sirve para cerrar el fin de un ciclo, el de los motores de dos tiempos y las máquinas de 125cc. Siempre echaremos de menos el aroma del aceite de mezcla...
Tocaban más emociones inolvidables. La impotencia de imaginarse a Marc Márquez en su box pensando en lo que pudo haber sido y no fue justo cuando Bradl acabó por los suelos. ¡Cuánta mala suerte en este final de año para el ilerdense! Pero más vibrantes aún resultaron las lágrimas de Fausto Gresini cuando ganó Pirro, uno de sus pilotos de Moto2, sólo dos semanas después de que la peor de las tragedias quisiera visitar de nuevo su equipo. Así es el deporte, así es la vida: hoy te da lo que mañana te quita. Llegamos en esta secuencia a una carrera de MotoGP descafeinada, arrancando con la carambola que organizó Bautista en la salida y terminando por un Pedrosa que esta vez no quiso asumir el papel de héroe. Y con una victoria más de Honda (ésta sí que creo que es más de la máquina que de Stoner) fue el turno de otro emotivo adiós: el de los profesionales de Televisión Española que durante casi treinta años nos han traído las motos a casa. También a ellos les echaremos de menos...




