El Madrid, a toda velocidad
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Arsene Wenger, que quizá para muchos ya no sea referencia de todo, consiguió que su equipo lo disputara todo durante mucho tiempo porque exigía futbolistas que tuvieran un buen toque y fueran muy veloces. Identificó pronto que con eso se iba muy lejos (y se llegaba a los sitios, atrás o arriba, el primero). Siempre se ha hablado del toque del Arsenal, pero era la velocidad de balón y de los futbolistas lo que les hacía tan buenos. O al menos la combinación de ambas. Del mismo modo, este Madrid es el más veloz del fútbol mundial y la calidad de sus futbolistas es indiscutible. Ayer impuso un ritmo agotador para el rival: hizo todo a muchísima velocidad y generalmente con mucha precisión (a Di María le costó más). Esa velocidad de ejecución se entrena para ayudar donde no llega la genética: como dice uno que sabe, tres veces a la semana para ganar, dos para empatar y una para perder. Mourinho insiste en esa parte del juego para que no se pierda el nivel que se ha ganado ya. Sólo se puede rebajar su efecto demoledor si el rival tapa espacios o mantiene el balón y el Lyon no probó nada de eso porque prefirió esconderse en busca de alguna contra.
El Betis, el otro día, hizo más por vencer que los famosos franceses. Para los que insisten que nuestra Liga está adulterada, puede ser verdad en cuanto al precio de los futbolistas (y su consiguiente calidad), pero las cosas se igualan con el trabajo táctico de entrenadores como Pepe Mel, Pochettino, Garrido, Marcelino, Emery y compañía. ¿Se imaginan a uno de ellos a cargo del Lyon ayer? Hubiera sido otro partido. En su lugar, el Lyon nos ofreció demasiado poco contra un equipo tan veloz de piernas y mente.




