Como el Barça, pero sin arriesgar
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Hace un año muchos futbolistas del Manchester City se quejaban en privado que los entrenamientos de Mancini eran demasiado largos, que había que estar de pie y esperando a menudo, con el frío que hace en Manchester durante ocho meses del año. Luego el equipo ganó la copa y ahora apenas se oyen quejas. El efecto hipnotizador de las victorias. Y eso que no es un equipo muy plástico. O dicho de otro modo, cuando el balón no pasa por Silva podría tratarse de un equipo cualquiera. Mancini coloca normalmente a tres tíos grandes en el centro para proteger el talento y la libertad (para crear y para no bajar) de Kun Agüero, David Silva, Dzeko, Balotelli o Tévez, antes de que le castigaran con entrenar con los juveniles.
Un 4-3-3 como el Barça en la pizarra pero sin intención de arriesgar nada. O sea, para nada como el Barça. La capitulación de Tévez y las lesiones de Dzeko y Agüero han dado alas a Balotelli, el hombre que exigió que echaran a un par de pasajeros de un vagón de tren para poder estar solo y que tiene alergia a determinados tipos de césped. Un excéntrico que nadie ha sabido manejar del todo todavía. Pero a ratos, un aprendiz de genio. Se le culpa a Mancini de no sacar provecho a su plantilla, de jugar mal pese a ganar, pero ese no es un debate popular en Inglaterra, mientras se gane. En realidad, el club debería temer otra cosa: lo que tiene es un grupo de individuos que no se sienten equipo todavía. Y eso se corrige o habrá que tomar al City como un entretenimiento pasajero.




