Más balón, menos sufrimiento
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Para alimentar el optimismo con este inicio de temporada del Atleti hay que recurrir a aguas mansas y poco concretas, conceptos como la impresión y el merecimiento. Mientras la ilusión queda pendiente de materializar sensaciones sí hay un clavo limpio y frío donde agarrarse, la defensa. O mejor dicho, la efectividad reflejada en las estadísticas en cuanto a goles y ocasiones rivales. Todo empieza por el impulso de Manzano a la reivindicación de un recurso defensivo capital que nunca se valora como tal: la posesión, el dominio. Salvo en el partido del Camp Nou, el Atlético ha llevado la iniciativa en el resto de sus encuentros de Liga, reduciéndole el tiempo de vida ofensiva a los contrarios. El club rojiblanco publicitó tradicionalmente un sello de defensa dura y contraataque que en épocas de crisis deportiva ha dificultado la salida del hoyo porque no hay nada menos pupista que mandar y sentirse superior.
Si el apóstol colchonero Luis Aragonés renunció a una de sus virtudes teologales para ganar una Eurocopa no hay motivo para que el Atlético no lo intentara. Hoy la grandeza está vinculada a dominar, a jugar bien. Es lo moderno y la tradición no obliga a comer con las manos. Si más de la mitad del once titular se maneja mejor con balón que sin él puedes tener un gran equipo defensivo si compulsas y no pierdes el título de propiedad del balón. Hay más virtudes defensivas. La presencia y colocación imponente de Courtois, que en ocasiones te provoca llamarle "Chopo". Las aportaciones de Miranda, el crecimiento de Domínguez y una variante fundamental: Mario Suárez y su manejo de los espacios, sus oscilaciones pendulares en la posición de 5.



