Japón necesitaba su carrera de motos
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Me alegra muchísimo que, finalmente, el GP de Japón de motociclismo vaya a disputarse este fin de semana como estaba previsto. Principalmente, porque creo que para un pueblo que está sufriendo tanto, vestir de normalidad la situación debe suponer un bálsamo para sus problemas cotidianos, una pequeña chispa de luz que permita adivinar la salida del túnel, por desgracia aún tan lejana. Cierto que son sólo carreras, deporte sin mayor trascendencia ante la cruda realidad, y que no solucionan casi nada, pero la solidaridad de los pilotos y el regreso a lo habitual imagino que algo ayudará. Además, si el motociclismo le debe mucho a un país, evidentemente se trata de éste, dinamizador de la industria y el deporte a través de sus grandes marcas.
Por otro lado, pienso que hubiera sido fatal para la imagen del Mundial que los pilotos se hubieran negado a acudir a Motegi. Las evidencias demostraban que no había motivos objetivos para ello, pero es que además los precedentes así lo demostraban. En el mismo escenario, y no en otro, han estado ya los protagonistas del Mundial de trial y, hace apenas unos días, los de la IndyCar estadounidense (incluyendo al español Oriol Serviá). ¿Qué habrían pensando los aficionados japoneses si sus grandes ídolos les hubieran dado la espalda? Hubiera sido, seguro, una gran decepción generalizada, sobre todo cuando hablamos de un deporte de héroes, un reto para valientes. Así que, si me lo permiten, gracias a todos por el esfuerzo y el apoyo a esta nación que tanto lo merece.




