Carlos Gracia, una vida entregada al automovilismo
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Carlos Gracia es una personalidad controvertida, supongo que como la mayoría de los dirigentes deportivos. Muchos cuestionan su gestión al frente de la Real Federación Española de Automovilismo, desde hace ya más de un cuarto de siglo, pero al mismo tiempo la Presidencia del Gobierno acaba de concederle la Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo, la mayor distinción del deporte español. ¿Una incongruencia? Supongo que no, simplemente cuestión de puntos de vista, de perspectivas... Difícil provocar la unanimidad, en uno u otro sentido, cuando se ocupa una responsabilidad como la suya y en una disciplina como el automovilismo, en el que existen tantos intereses que van más allá de la pura competición.
Yo no digo que no pueda haber mejores presidentes para esta federación... pero yo, de momento, no los conozco. Entre otras cosas, porque legislatura a legislatura Gracia ha sido capaz de repetir mandato, en ocasiones no sin cierta polémica y acusaciones, que tampoco suelen faltar en los procesos electorales de este estilo. Lo que sí que tengo claro es que el automovilismo es la pasión de Carlos Gracia y la vive con una dedicación que es difícil de encontrar en un directivo que lleva ya tanto tiempo en su puesto, que está de vuelta de casi todo. Ha renunciado a mucho más de lo que podemos imaginar por este deporte y se le encuentra cada domingo allí donde se practica; no sólo delante de los focos deslumbrantes de los grandes premios, que también, sino en el barro de un autocross, apoyando a los chavales del kárting o en la cuneta de un rally. Y todo eso, en mi opinión, también tiene un valor merecedor de un reconocimiento como el que ahora recibe.




