Rossi empieza a perder la paciencia
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Desde que Rossi llegó a Ducati, he pensado que no sería campeón del mundo esta temporada. Es más, tengo la impresión (que desde luego puede resultar fallida) de que nunca más lo será. Sin embargo, tampoco esperaba que el reto fuera a ponérsele tan cuesta arriba al italiano, creía que haría podios e incluso podría ganar alguna carrera en 2011, como consecuencia directa de la suma de su talento inconmensurable y el empeño de la marca de Borgo Panigale en triunfar con todo un icono del deporte de su país. Pero la realidad es un año terrible para 'El Doctor', que ofrece síntomas de empezar a perder la paciencia. Y es normal, porque mudarse a la mediocridad cuando se ha vivido cómodamente instalado en la morada del éxito es muy, pero que muy duro.
Dejando de lado lo poco acertadas que me parecen sus declaraciones sobre el agradecimiento que Lorenzo le debe por su trabajo en Yamaha (que era en su propio beneficio, no en el del mallorquín, obviamente), en el asunto que nos ocupa veo en el horizonte una seria advertencia del campeonísimo hacia su nueva marca. Tiene ya asumido que la Desmosedici no va con su estilo y se muestra dispuesto a cambiarla de cabo a rabo para adaptarla a sus exigencias, para lo que pide un esfuerzo supremo a Ducati. Lo deja muy claro al apuntar que necesita una "moto decente", que "deben secundarle en todo" y que "continuar sin resultados no tendría sentido". Es una auténtica hoja de ruta en la que indica sus pretensiones y que tiene el mismo tono que las advertencias que ya hizo con anterioridad a Honda o Yamaha. No quiero decir con esto que Rossi vaya a dejar de vestirse de rojo mañana, pero sí que es evidente que tampoco tiene la más mínima intención de mantenerse en los grandes premios para hacer bulto, como los baúles...




