La decisión es muy delicada
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La decisión de los pilotos sobre acudir a Japón a competir me parece muy personal y creo que como tal hay que considerarla. Me explico. Visto de una forma aséptica, lo razonable sería que cumplieran con sus compromisos, entre otras cosas porque son profesionales. Los informes señalan que no existe riesgo de radiación mayor al de otro lugar del mundo y, además, su presencia en el país supondría un gesto de solidaridad mayor que otros simbólicos que se puedan idear.
Dicho esto, no puedo obviar que los pilotos están en su derecho de plantearse si quieren o no ir. Sobre el papel todo es más sencillo y obvio, pero la clave puede estar en el punto en que cada uno de nosotros nos preguntáramos: ¿viajaría yo a un centenar de kilómetros de Fukushima? Un dato para la reflexión es que el turismo en Japón ha llegado a caer hasta en un 75% en ciertos momentos, lo que evidencia que no son sólo los pilotos los que albergan temores. No quiero dar o quitar la razón a nadie, sólo señalar que todas las posturas me parecen respetables en un tema tan delicado.




