Yo digo Joaquín Maroto

Pitos en París para España, Rafa Nadal y Contador

Joaquín Maroto
Redacción de AS
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El último Roland Garros me pilló en Boston con la Selección. Vi la final de Nadal en un Sports Bar, rodeado de norteamericanos, la mayoría seguidores de los New England Patriots. Ellos, gente sana e inocente, no entendían que París silbara a Rafa, que los franceses celebraran igual los errores de Nadal que los aciertos de Federer. Querían saber si el español le había hecho un desaire a La Marsellesa o algo así. Les expliqué que no, que todo el problema viene porque Nadal ya ha ganado seis veces Roland Garros, y que debía ser que eso carga a los franceses. Bueno más que a los franceses a los parisinos, que son un poquito especiales. Idéntica teoría podemos aplicarle a Contador, que tampoco les cae simpático. Una vez, en una visita a París, un guía turístico daba pelos y señales sobre el Arco del Triunfo. Un españolito, que iba en la parte de atrás del autobús, dijo con intención: "No, si ese monumento ya lo conocemos bien en mi país porque todos los años pasa por ahí un ciclista español vestido de amarillo...".

Puede que en Madrid hiciéramos lo mismo en el improbable caso de que un torero francés abriera todos los años la Puerta Grande de Las Ventas. ¿Desearíamos que le empitonara el morlaco? Tanto no, pero un buen revolcón... Viene todo esto a cuento porque la Selección se va a encontrar un ambiente parecido al que sufren Nadal y Contador cuando visite Saint Denis para la clasificación para el Mundial de Brasil. La última vez que pisó el Estadio de Francia, en marzo de 2010, dio un recital, ganó (con goles de Villa y Sergio Ramos) y apuntó lo que luego confirmó en Sudáfrica. Esa fue la única ocasión en la que he visto a los parisinos aplaudir a La Roja. Pero seamos sinceros, lo hicieron para darle una bofetada a Domenech, su entonces seleccionador, al que odiaban más que al rival. Ahora ya no está; está Blanc. Francia se ha regenerado y en la próxima visita ya no sonará la flauta, sino los pitos.

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