Sin Messi ni Neymar ni Alexis ni el Kun
A todos nos gusta el fútbol, pero nos gusta más si en el partido hay estrellas rutilantes y más todavía si tenemos algún interés preferencial por ellas. En ese sentido, esta Copa América traía atractivos especiales: Messi, que siempre lo es, y que luchaba contra el fantasma de esa desconfianza con que le miran en Argentina. Neymar, la nueva estrella emergente de Brasil, para cuya adquisición el Madrid tiene preparados 45 millones; Alexis Sánchez, el fenómeno chileno que el Barça ya tiene pero no tiene, porque no encuentra el dinero para pagarlo; y el Kun Agüero, que está en boca de toda la afición.
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Ninguno de ellos ha llegado a las semifinales. Eran las cuatro estrellas principales de América, quizá. Alguno que podría acercarse a su fulgor, como Ganso, ya no está. Ninguna de sus selecciones ha pasado de cuartos. Las supervivientes son Venezuela (la cenicienta que ve convertida la calabaza en carroza de cristal), Paraguay, Perú y la eterna Uruguay. Cuatro selecciones con un perfil en cierto modo próximo: serias, tácticamente bien armadas, capaces de espesar el medio campo, de aislar a las estrellas del rival y, a ser posible, con un buen portero. Los porteros han tenido mucho que decir en esto.
Premio al trabajo de grupo, pues, frente a la brillantez del talento poco respaldado por el juego colectivo. Durante el periodo clásico (los cincuenta y los sesenta, cuando se completó la explosión del fútbol) la gran preocupación de Sudamérica era alcanzar el desarrollo táctico y físico de los europeos. Eso era lo que se tenía por lo serio. Vendían jugadores e importaban técnicos y métodos. Ahora parecen haber completado el viaje. Las figuras no remedian el descuido de sus técnicos, cuando enfrente hay equipos bien hechos. Así ha sido en los casos de Argentina y Brasil, las dos grandes derrotadas.




