Neymar y el recuerdo de Robinho
Neymar está siendo el hombre del verano. Para la gran afición surgió un poco como de repente, inmiscuyéndose en el 'affaire' Madrid-Kun-Atlético. Un delantero joven, de cresta de gallo y magníficas actuaciones en el Santos, el equipo de Pelé... y de Robinho. Desde entonces ha sido un nuevo foco de interés, que alcanzó sus máximos en la final de la Libertadores. En la ida hizo poco más que una piscina (allí le llaman caicai) pero en la vuelta marcó un gol, hizo algunas jugadas prodigiosas y participó con ardor juvenil en la tángana final, en la que jugadores de uno y otro equipo se patearon ferozmente.
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Y el Santos ganó la Copa, que no conseguía desde Pelé, hace ya 48 años, los tiempos del 'ballet blanco'. Y Pelé habla maravillas de él. Pero asalta el recuerdo de Robinho, cuyos precedentes fueron casi tan estrepitosos como los de Neymar. También de él se habló mucho un verano (Cerezo me ha repetido muchas veces que cómo nos apañamos para en 31 días que tiene julio hacer 31 portadas de Robinho). El caso es que Robinho vino y, tras sorprender en Cádiz en su debut, resultó quedarse en menos. Ahora es uno de los muchos jugadores buenos que hay en Europa, pero no uno de los grandes.
Es que hay diferencias. Brasil, como Argentina, da grandiosos futbolistas, pero todos salen. En Brasil juegan los que son tan jóvenes que no han salido aún, tan viejos que ya han vuelto, o los que no han dado el nivel para salir. En ese fútbol es más fácil hacer prodigios, destacar. El nivel del gran fútbol europeo es otro: son otros los defensas, las exigencias, los métodos. Con todo, Neymar tiene un espíritu de genio metido dentro y refleja un carácter indómito. Robinho tenía lo primero, pero era dado a afligirse, por eso se quedó a medias. En fin, ¿resultará Neymar? La única manera de saberlo es intentarlo.




