River: la corrupción lo puede todo
Bajó River y se desataron horas de furia. Furia estéril, ciega, que no remedia nada, pero que expresa la frustración por un hecho inconcebible para toda la sociedad argentina: River Plate, el Real Madrid de Argentina, baja a Segunda (la B se dice allí, donde ya zahieren los de Boca a los River escribiendo RiBer). Y eso que aquella liga se dotó de un sistema para salvaguardar a los grandes de una mala temporada. Allí no se baja a la B por lo que se ha hecho mal en un año, sino por el promedio de los tres últimos. Aún así, River, el equipo de los millonarios como siempre se le conoció, ha bajado.
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¿Cómo es esto posible? Pura y simple mala organización. También le pasa a Boca, aunque no llegue a tanto. Los grandes ya no lo son. En los últimos años mandan Vélez, Estudiantes o Banfield, mejor organizados. River tiene mil empleados, frente a trescientos el Madrid, al que ya le sobran bastantes. Ha vendido en pocos años a Crespo, Aimar, Saviola, D'Alessandro o Higuaín, entre otros, por verdaderas millonadas, pero nadie sabe cómo se repartió ese dinero. O se sabe que se repartió mal. A la propia barra brava se sospecha que le correspondió parte, y eso explica la muerte de un 'bravo' en peleas por el reparto.
Hace año y medio llegó Passarella a la presidencia. Anunció una auditoría, dijo que sacaría al club del caos. No ha hecho tal. El desconcierto le ha atrapado. Al partido de ida ni viajó con el equipo, en el de vuelta entrenó con él. Finalmente, un grupo medroso en el que varios jugadores no llegan a los veinte años se afligió y se hundió. Catorce millones de hinchas se sienten humillados y todo el fútbol argentino sufre, porque al caer River todos pierden algo: la taquilla del año, los River-Boca... Un golpe más para un país sumido en problemas profundos y al que ahora le traiciona lo que más quiere: el fútbol.




