Cádiz, Dinamarca, futuro garantizado
La de ayer fue una tarde gozosa para los aficionados al fútbol, bien presentada por Cuatro y Canal + Liga. Los niños de Brunete juegan ahora en Cádiz, en el Carranza, lujoso solar que ha visto mucho fútbol. Por allí, por el Carranza, llegaban años atrás las grandes novedades a nuestro fútbol, todas procedentes de América. Aquel era un torneo legendario, el primer lugar en el que se vieron en España la 'folha seca' de Didí (ya como madridista) o las bicicletas de alta escuela de Leivinha, que le valieron el salto del Palmeiras al Atlético, del brazo del sonriente Luis Pereira. Aquel era un gran torneo.
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Y el de ahora lo es, con esos chiquillos dibujando su fútbol de alta escuela, de todas las altas escuelas de nuestro país futbolero. El tiempo le reconocerá a José Ramón de la Morena el pulso con el que ha sostenido este torneo, por el que han pasado bastantes de nuestros campeones del mundo. Aquí contrastan sus estilos y sus escuelas, aquí viven la primera ilusión de una competición nacional, la primera gran responsabilidad. Y aquí quedan algunos de ellos en la memoria de los buenos aficionados, que disfrutan luego cuando comprueban que sí, que en ese niño que vieron había un jugador.
Dos de esos, Ander Herrera y Bojan, están hoy entre los que van a jugar la final de la Sub-21. Niños ayer, mayores (o casi) hoy. Forman parte de un equipo que está enamorando y que hoy juega una final difícil. El fútbol suizo se viene arriba. No hace mucho ganó el Mundial Sub-17. Algunos de esos están en este equipo que juega con dos extremos abiertos y muy veloces (Shaqiri es una perla) y que se beneficia de una gran diversidad de orígenes, lo que enriquece su juego. Será una gran final. Y pase, lo que pase, nuestro fútbol confirma, tanto en Dinamarca como en Cádiz, que tiene el futuro garantizado.




