¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

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Me pregunto dónde fue a parar el dinero de esas 38 operaciones absurdas, fallidas y corrosivas que han laminado en los últimos once años el prestigio del mejor equipo de baloncesto de la historia. Algunos fueron más conocidos en la discoteca de la capital que en la cancha. Otros no tuvieron tiempo ni de deshacer la maleta en el hotel bien surtido de estrellas y de cátering. Jugadores malos, divos sin motivación, meritorios sin mérito, recomendados por el agente del entrenador de turno, presuntos top ten de ligas americanas suburbiales, sustitutos del sustituto para animar los entrenamientos...
Yeso que en la lista no salen los millones despilfarrados en un tal Papadopoulos. Este presunto gran pívot griego se pasó dos temporadas cobrando más de dos millones de euros anuales para coger un par de rebotes y meter tres puntitos de media. Le pido a los actuales jefes de la sección que apuesten por la base nacional: Llull, Sergio Rodríguez, Carlos Suárez y Mirotic. Prohibido venderlos. Que echen raíces y lideren el proyecto definitivo. En mis tiempos, los fichajes duraban décadas. Ahora, el leve paso de un ciclo lunar. ¡Basta ya!



