Nuestro fútbol debe estar en Londres
El historial olímpico de nuestro fútbol, mirado con perspectiva, no es malo: un oro, en Barcelona 92, y dos platas: la de Amberes en el lejano 1920 (aquella fue la primera vez que se formó una selección de fútbol en este país y la plata supuso todo un 'boom') y la de Sidney, que pudo ser un oro merecidísimo pero se escapó en los penaltis. No es mal balance, si se mira con perspectiva. Y menos aún si se piensa que el fútbol olímpico estuvo copado durante tiempo por los países del Este de Europa, a los que el amateurismo oficial les permitía acudir los mejores, a diferencia de otros, entre ellos nosotros mismos.
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Pero llevamos dos ediciones sin ir. Sin clasificarnos. Ni en Atenas ni en Pekín estuvimos. Caso raro, excepción extraña en este periodo tan brillante de nuestro fútbol. Unos años en los que las selecciones de más abajo han seguido sacando buenos resultados y en los que la de arriba ha tocado un techo histórico. Sin embargo, ha habido esta extraña brecha. Los mismos que han estado muy bien en edades más tiernas, incluso algunos de los mismos que nos han dado las inmensas alegrías de la Eurocopa y el Mundial, han participado en esos dos fiascos, en esas dos no clasificaciones. Misterios del fútbol.
Ahora toca compensarlo. Se trata de salir entre los tres primeros en este Europeo de Dinamarca, o incluso cuartos, si por delante queda Inglaterra, clasificada de oficio. Hay un equipazo, jugadores todos ellos de la Primera División salvo los porteros suplentes, dos placeados ya en la selección mayor, Javi Martínez y Mata, que dan este paso con gusto, sin sentirlo un retroceso. Los futbolistas valoran los JJ OO, contra lo que comúnmente se piensa. Casillas y Ronaldo, por separado, me han confesado que lamentan no tener una experiencia olímpica en su carrera. Los de ahora tienen la ocasión. A por ello.




