Casillas se pone la piel de la afición

Lo políticamente correcto, lo académico, lo diplomático, lo inteligente y lo estratégico habría sido decir: "El Barça es un equipo español en la final de la Champions y por lo tanto deseo que gane el día 28". Pero Casillas no sólo es el capitán del Madrid y de la Selección Campeona del Mundo. Iker es un icono para la afición del Madrid, es un chaval que todavía pasea por las cafeterías de Móstoles con los colegas de toda la vida, es un buen hijo que habla con su padre de fútbol y forofean sanamente, como dos madridistas más. Iker no puede evitar decir lo que le dicta su corazón: "En la final que gane el fútbol...".
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Es una manera sutil de decir "por mí, que gane el Manchester". Y lo entiendo. Si el Barça sale airoso del Nuevo Wembley, todo el mundo le recordará que el equipo de Guardiola ha impuesto su superioridad hegemónica en el star system del fútbol europeo. Si vence el Barça, a Iker le dirán en la playa este verano cosas como esta: "Máquina, al final sólo le habéis ganado la Copa al Barça, pero los dos solomillos gordos han sido para ellos". Y eso, duele. Así que el día 28 el mejor portero de todos los tiempos verá el partido con cierta displicencia. Si gana el Barça, sms que te crió a sus amigos Xavi y Puyol para felicitar a la tropa culé. Y si gana el Manchester, viva México (grande Chicharito) y grande Giggs (eterno el galés).
Por eso, no creo que haya que valorar las palabras de Iker como un menosprecio hacia el Barça. Simplemente, ha preferido ponerse la piel del aficionado blanco, el que se toma una caña con él en los bares, el que le pide autógrafos, el que corea su nombre en el Bernabéu. Ellos no son hipócritas...



