Alonso no consigue ser el de antes
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Aquí estoy, sentado delante del ordenador, repasando los tiempos de la calificación e intentado buscar el lado positivo a lo que ha ocurrido en este sábado del GP de Turquía. Y la verdad es que no consigo encontrarle nada bueno al asunto por más que lo intento. La sensación que me queda es muy similar a la de los grandes premios anteriores, no tanto porque se repita el puesto de Alonso sino porque me flaquea la moral para sentarme ante la tele a ver la carrera de Estambul. Sabíamos que éste no era el escenario de la gran evolución de Ferrari, que tendremos que esperar a Montmeló para desvelar si se produce, pero lo cierto es que llevarnos una alegría para el cuerpo no hubiera estado nada mal, incluso siendo tan efímera como esperar al desenlace de hoy.
Por una razón o por otra, lo cierto es que Alonso no consigue este año ser el de antes. No lo son sus resultados y me parece que tampoco su ambición. Supongo que esto tiene que ver con la impotencia de pelear con un coche inferior al de sus rivales, pero imagino que no pretenderá que nos creamos que se siente satisfecho con un quinto porque sale por el lado limpio. No ha sido un buen sábado y Fernando lo sabe mejor que nadie, porque la posición sólo viene a refrendar que el mal de fondo del Ferrari sigue estando ahí, sin solución. Un campeón como él y una leyenda como la de Maranello no pueden plantarse en una parrilla a ver qué pasa, confiando en que suene la flauta para aspirar a un peldaño del podio. Y mientras, Vettel volando a ocho décimas del tiempo de Fernando




