Un chaval con ideas clarísimas
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Hace algo así como un lustro que desde AS seguimos las andanzas de Roberto Merhi. Sin embargo, en todo este tiempo no había tenido la oportunidad de conocerle personalmente. Hasta ayer, cuando me llevé una gratísima sorpresa. Su calidad al volante no me era ajena, desde luego, pero lo que ahora he podido descubrir es la otra faceta que hace a un piloto especial, diferente, y que no se basa exclusivamente en su habilidad al volante. El castellonense tiene veinte años pero lleva ya media vida en las carreras y tiene muy claro lo que quiere y cómo lograrlo. Algo que, en ocasiones, es casi tan importante como ir rápido en pista...
Explica con claridad y desparpajo sus objetivos, sus ojos se iluminan cuando habla de carreras, la victoria es lo único que le sirve y respeta a cualquiera de sus rivales sin temer a ninguno de ellos. Le ha tocado, como a toda una generación de pilotos, vivir una época difícil en la que puede influir más el peso de un maletín lleno de billetes que el talento. Eso también lo sabe, por lo que se ha planteado una estrategia simple pero eficaz: ganar. Es consciente de que si lo hace alcanzará su sueño que, como él mismo nos contó con una rotundidad pasmosa, no es llegar a la F-1, sino ser campeón del mundo. Mimbres para conseguirlo no le faltan y está en el camino de ello.




