Pepe, Stark, Messi, la bronca, el fútbol...

Pepe, Stark, Messi, la bronca, el fútbol...

Primero, la expulsión de Pepe. No era roja. Fue un planchazo de catálogo, amarilla de catálogo. Tuvo suerte el Barça otra vez, quizá porque Stark no es portugués, quizá porque Pepe es un feroche aparatoso que invita a eso. El caso es que el anticristo desfiló antes de tiempo y Mourinho se vio una vez más diez contra once, y con media hora por delante. Si pensamos que Pepe ha sido la gran arma secreta para desconcertar al Barça, entenderemos hasta qué punto se sintió huérfano el Madrid. Así que si hasta su expulsión no había hecho nada, desde su expulsión hizo menos que nada: encajó dos goles.

Aparte de esta expulsión hubo un partido bronco. Los jugadores se saludaron con gesto severo, sin mirarse, en esa liturgia inicial. Luego hubo prudencia en los dos, rayana en miedo, sobre todo en el Madrid, que durante la primera media hora repitió lo de la Liga. El Barça tampoco apretó. Y todo entre malos modos, reclamaciones, barullos. Dos equipos tan excelsos están transmitiendo una imagen impropia en estos partidos. Alves, Busquets y Pedrito se especializan en fingir golpes en la cara por nada, Arbeloa y Marcelo, en pisar. Pinto se metió en un barullo en el descanso y fue expulsado...

Un buen amigo nos mandó al final un mensaje: tanto jugador grande y un partido de regional. Alguno se salvaba. Xavi evitaba las bullas y se dedicaba a lo suyo: jugar, jugar y jugar. Messi amenaza por su sola presencia, pero sólo fue él a partir de la expulsión de Pepe, que le aflojó el corsé a todo el Barça. En su noche más tensa hasta hoy marcó sus goles número 51 y 52 de la temporada. En el otro lado, Cristiano deambuló sin compañeros ni ganas de buscarlos. La expulsión fue determinante, pero antes y después de ella hubo muy poco Madrid. En realidad hubo poco fútbol. Y demasiada bronca.