La Fórmula 1 es otra cosa
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La industria automovilística se encuentra inmersa en un proceso para el que se ha adoptado el término de 'downsizing'. Podríamos traducirlo como reducción de talla, que a efectos prácticos es la disminución de la cilindrada de los motores buscando la máxima eficiencia. Es decir, aplicar tecnologías avanzadas (desde los turbos a las admisiones variables) para conseguir el máximo rendimiento con el mínimo consumo posible. Una tendencia inevitable cuando estamos en la obligación de proteger un medio ambiente cada días más vapuleado (ni nos planteemos mirar ahora hacia Japón) y las materias primas son un bien cada vez más escaso. Sin embargo, considero que la Fórmula 1 es otra cosa y por ello en esta ocasión estoy de acuerdo (no sé si debería preocuparme...) con las quejas de Bernie Ecclestone sobre la nueva reglamentación técnica propuesta a partir de 2013.
Considero que los grandes premios son la máxima expresión de la tecnología automovilística llevada hasta sus últimos extremos. Es decir, sin limitaciones. Entiendo, no obstante, que en la coyuntura económica actual son necesarias ciertas regulaciones para que los presupuestos no se disparen hasta hacer peligrar la propia viabilidad del campeonato, pero me parece que apostar por motores de cuatro cilindros y 1,6 litros, incluso con turbo, es excesivo. Básicamente, porque su propia concepción se aleja de la inherente a un coche deportivo de calle, de las propuestas de leyendas de este sector como Ferrari, Porsche, Lamborghini, Maserati, Jaguar...Por si fuera poco, tampoco tengo demasiado claro que en este caso el 'downsizing' sea sinónimo de abaratamiento de costes, porque los fabricantes seguirán gastando todo el dinero que puedan para obtener la máxima potencia de estos motorcillos. Y tampoco le falta razón a Bernie cuando nos recuerda lo triste que podría resultar una carrera escuchando el susurro de un cuatro cilindros de 'litro y medio'...




