Yo digo Mario Ornat

El Zaragoza regresa al precipicio

Mario Ornat
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Como suelen hacer los futbolistas de rango superior, el Kun sacó el partido de su trayectoria. Lo ganó para el Atlético cuando menos era el Atlético. El fútbol está construido alrededor de una acción colectiva, pero con frecuencia lo definen esos elementos que los anglosajones llaman mavericks: individualistas radicales, disidentes de cualquier orden, que siempre están dispuestos a voltear. El Zaragoza venía levantándose hacia un relativo optimismo cuando Agüero lo acabó. A partir del reordenamiento de Aguirre en el descanso, el equipo aragonés había recuperado su armazón habitual, pudo tomar la pelota y ocupar espacios de modo más racional con Bertolo por el lado izquierdo, y así dibujar una cierta trama de fútbol.

S in alharacas y con errores en las finalizaciones, como corresponde a un equipo condenado a la supervivencia, la mejora le permitió mirar de frente a De Gea. El Atlético extravió los papeles y se encogió en su laberinto. Del diván lo levantó el lúcido fogonazo del Kun, argumento tan único como decisorio. Después del gol, Uche (la esperanza de su regreso se hace ineludible) y Bertolo aún pegaron dos balones en el larguero. Esa era la inercia del choque, que ya no importa: el Zaragoza está de vuelta en el abismo.

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