Sobre Raúl y la persistente 'raulmanía'
No hace mucho estuve junto a Del Bosque en Quintanar del Rey, municipio conquense que rinde un culto admirable al deporte. Cada año concede unos premios que honran el recuerdo de Ángel Lancho, ilustre esgrimista de hace un siglo, que nació allí. Todo el pueblo salió a las calles a aclamar a Del Bosque. Pero cuando entró en la atestada sala de la Casa de la Cultura empecé de repente a escuchar pitos. No abrumadores, pero sí consistentes. ¿Sería posible? De repente el abucheo tornó en un grito: "¡Raúl selección! ¡Raúl selección!" Eso, después de una Eurocopa y un Mundial ganados sin él, pensé.
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Ahora ha vuelto a España como enemigo y me consta que los valencianistas se han sentido molestos por la corriente favorable que le acompañó, que casi relegaba al Valencia al papel de malo. Centenares de raulistas que hace poco casi ni sabían que existía el Schalke viajaron a Valencia y el partido registró seis millones de audiencia en la tele, el doble largo que anteriores partidos de Champions del club ché. Marcó su gol, batió el record de Müller, se marchó y afila las garras en su guarida para ver si vuelve a hacerles un gol a los nuestros y sigue su carrera europea, en busca de más partidos y de más goles.
Pertenezco al grupo de los que se cansaron de verle en el Madrid, aplaudí la decisión de Luis de probar en la Selección sin él (que resultó acertada) pero más de una vez he tenido que lamentar, y confesarlo, haberle dado por acabado antes de tiempo. Su decisión de ir al Schalke, desdeñando posibilidades como los Red Bulls o Qatar, más glamurosas, chocó a muchos. Pero es que él quería seguir matando corridas en puntas, aunque ya no le contrataran en Las Ventas. Su tenacidad le ha premiado. Y esa su forma de ser explica que siga despertando tanta devoción. Más allá del fútbol, es un ejemplo moral.




