Marqués Del Bosque, Grande de España
Marqués de Del Bosque, Grande de España. Ilustrísimo, por supuesto. Como le conozco bien, sé que se sentirá incómodo en ese tratamiento, pero debe compensarle saber que la gente del fútbol y sus amigos lo celebrarán. Antaño los reyes concedían estos títulos por servicios excepcionales a la Corona, generalmente en guerras. Ahora que afortunadamente no hay tantas (aunque está tristemente lejos el día que no haya ninguna), bien puede valer el fútbol para el caso. El fútbol es la continuación de la guerra por otros medios. Ya llamó Vázquez Montalbán al Barça 'ejército simbólico desarmado de Cataluña'.
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Habrá quien vea ridículo o exagerado este título, pero yo no. Desde luego, otros con menos méritos lo ostentan. Y está bien que el deporte alcance consideración y honores, porque los merece. En este país vivimos aún un poco a contrapié de esa idea, quizá porque aún resuenan los anatemas que se le lanzaban cuando era erróneamente considerado como instrumento del Régimen para embobar a la población. En realidad, entonces, como ahora, el deporte entusiasmaba en todas partes, y su gran desarrollo actual en España no es más que un símbolo más de una sociedad democrática, feliz y madura.
Por lo demás, el personaje es entrañable y no hace falta extenderse en eso. Y bien haría el Madrid en aprovechar esta ocasión y tener con él algún gesto, cosa que aún no ha hecho desde que es campeón del mundo. Del Bosque es carne y sangre del Madrid, al que llegó aun adolescente para salir intempestivamente, ya cincuentón o casi, en un error compartido por Florentino y Valdano, que bien lo han pagado. Su salida le hizo al club perder un ancla que ni por asomo ha sabido reponer. Su regreso aún es implanteable (por ambas partes) pero un guiño empieza a hacerse imprescindible. Y es la ocasión.




