Benzema se sacudió los fantasmas
Fue la noche de Benzema, la que sus infatigables defensores (nuestro francés de cabecera, Frédéric Hermel es el primero de ellos) estaban pidiendo y esperando con fe. Tres goles, muy distintos. Uno con la cabeza, uno con la izquierda, uno con la derecha. Tres goles en la Champions para espantar su abulia, cargarle de fe y hacerle sentir al Madrid que quizá no se haya equivocado, que aquellos 35 millones no están perdidos, que acaso no haya que buscar comprador para el verano, que Llorente, Dzeko o cualquier otro podrán esperar. Y que mientras Higuaín se opera o no se opera, el puesto está cubierto.
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Quizá fuera eso lo que necesitaba: la seguridad de no tener competencia. Hay jugadores que la soportan bien (Higuaín es uno de ellos) y otros que la soportan mal (Benzema, por ejemplo). Su mismo comienzo del partido fue aún raro: reaccionó a su primer gol, raro cabezazo, casi como si hubiera marcado en propia meta. En los otros fue más expresivo, dentro de lo que cabe esperarse en él. Y fueron dos golazos. El segundo, perfecto pase de Lass, control magnífico y zurdazo cruzado, impecable. El tercero, trabajado íntegramente por él, con balón robado al portero y vaselina precisa, casi sin ángulo.
Fue el hombre de la noche, pero hubo otros. Cristiano, por ejemplo, que a medio gas y todo marcó su gol, el número 23 de la temporada. Lass, que empequeñeció definitivamente a Khedira. Dudek, muy bien hasta la desgracia de lesionarse, lo que dio paso al correcto Adán. Y Sarabia, que gustó en el cuarto de hora que le ofrecieron. A todo esto, el Auxerre fue muy flojo y encima le birlaron un penalti con el 0-0, según la inveterada costumbre de los árbitros de Champions de barrer para casa. En fin, que de todo junto salió una goleada y un balón firmado para el salón de Benzema. Y ahora, a los octavos.




