Sin Xavi ni Xabi, pero con los demás
Pasó el partido y España es líder. Fenomenal. Tenía cierto aire de partido trampa, o así lo temía Del Bosque. Mucha fiesta, mucho homenaje y enfrente un equipo concienciadísimo, que venía crecido por buenos resultados (victoria sobre Chequia y empate ante Escocia), que sabe cerrarse y que, luego lo vimos, tiene su peligro para lo poco que sale. Y encima, jugábamos sin Xavi. Y a última hora supimos que también sin Xabi. Pero España no cae en trampas. A base de insistencia, de juego paciente y de buscar por aquí y por allá marcó tres goles. Los tres de cabeza. Dos del un gigante, Llorente, uno de un pequeño, Silva. Preciosos los tres.
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Y eso que el equipo le quedó un poco raro a Del Bosque. Busquets remaba en mar abierto, tras cinco compañeros que se iban arriba con el aire de una delantera de las de antes, sólo que con extremos a banda cambiada, como se hace hoy casi siempre: Silva, Cazorla, Llorente, Iniesta y Villa. Este último, entre cierta ansiedad que se le adivina y que le falta un puntito de velocidad no ofreció su mejor versión. Iniesta no hizo de Xavi, como se esperaba, sino que tendió a irse arriba y a la izquierda. Con todo eso, el equipo no era del todo reconocible, aunque sí muy superior a Lituania, que se encerró y retrasó el gol en contra gracias a dos palos.
Fue la noche del reencuentro de Silva, que en el Mundial jugó poco y en el City apenas nada; fue también noche grande de Llorente, el Rey León, que está llamado a convertirse en un fijo de este equipo; pero fue también la noche en la que a España se le ha visto la mayor torrija en mucho tiempo, aunque en un breve tiempo, entre el 2-1 y los cambios, que restablecieron la paz. Fue, en suma, un partido más de esta España que lo gana casi todo (lleva diecinueve victorias consecutivas en casa) y un abrazo de Salamanca a su hijo predilecto, Del Bosque. Ahora, viaje a Escocia, en busca de otros tres puntos que terminen de embalarnos.




