Yo digo Mario Ornat

La guerra con pistolas de agua

Mario Ornat
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Con este Zaragoza, las discusiones se hacen insustanciales. Puro artificio. La cosa, hoy por hoy, no da ni para debates. Si los seguimos animando será por espíritu de aficionados críticos, por inercia periodística o por desesperación. Pero, en serio, ¿qué diferencia -de méritos y de rendimiento- hay entre jugar con Sinama-Pongolle o con Marco Pérez? Ninguna. El Zaragoza resulta igual de inofensivo con uno que con el otro. Con los dos no multiplica nada, salvo la frustración. Sinama produce una molesta nostalgia, como si esperásemos a un futbolista que no existe. El colombiano, mientras, nos pone al borde del rubor. No es un delantero para el Zaragoza", acabó diciendo Robinson en el Plus, después de agotar metáforas y circunloquios conmiserativos, para no decir lo que todos sabemos. El juicio era (es) demasiado crudo. Sólo hay un modo de decirlo y los profesionales, a pesar de todo, merecen un respeto.

Pero, siendo lo más subrayable por notorio, la inocuidad del Zaragoza no se limita a sus delanteros. Por atrás, la generación de fútbol raya niveles mínimos. Hay una enorme escasez de combinación, falta confianza con la pelota, el equipo es un páramo de ideas, de creación, de atrevimiento, un vacío por afuera, un desencuentro entre futbolistas. Tiene espíritu, pero es un espíritu errante. El segundo tiempo del Atlético lo autorizó a entrar en el partido, de lleno. Pero el Zaragoza no generó una sola superioridad, un mínimo desequilibrio en la zaga rojiblanca. Su mejor ocasión la creó Muñiz al darle un libre indirecto delirante. En una Liga abundante en francotiradores, buscavidas y asesinos seriales, el Zaragoza hace la guerra con pistolas de agua.

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