Cristiano es un genio angustiado
El gol de Anoeta se lo apuntaron a Pepe. En definitiva, fue el último jugador del Madrid que tocó el balón, aunque él no quería. Si llega a rozar en un jugador de la Real se le hubiera computado a Cristiano, no como gol en propia meta, porque el disparo iba a puerta, bien dirigido. Pero al dar en un compañero el autor es el compañero, en este caso Pepe. Así son las normas o costumbres, de modo que Cristiano sigue con el contador a cero. Alguien me recuerda que hace 48 días que no marca un gol fuera de entrenamientos. Ocurrió en la pretemporada, en el debut de Mourinho, ante el América de México, en San Francisco.
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Un gol menor. Su ansiedad es creciente y cada vez más visible. Cristiano es un grande, pero su ego es mayor que su juego. Necesita reconocimiento y aunque lo tiene se tortura, porque necesita más. Quiere ganar cada partido, pero además ser el mejor del equipo y del partido, y además, a ser posible, marcar él los goles. El Mundial, que le ha cogido en la mejor de las edades, no le ha ayudado. Ni él ni Portugal hicieron tanto como se esperaba y su carrera por ser reconocido como el mejor jugador del mundo ha sufrido un retraso. Antes sólo se le comparaba con Messi. Ahora para el Balón de Oro suenan Iniesta, Xavi y Forlán, que también juegan aquí.
Hace tiempo que pienso que esa obsesión por el reconocimiento frena a Cristiano, jugador fabuloso cuyas condiciones físicas y técnicas no tienen igual. El problema le atacaba sobre todo en ocasiones grandes, cuando se sabía bajo los focos de todo el mundo, en las pantallas de todos los televisores. Pero está empezando a afectarle en partidos corrientes y molientes. Se ciega, coge el balón y arranca sin mirar si hay curva o si no la hay, y o la pierde o dispara a puerta sin posición de ventaja. Aísla a sus compañeros, malogra el juego colectivo. Esto, o lo arregla Mourinho o lo arreglan un par de goles, pero necesita una solución urgente.




