Rivalidad contra dualidad

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Empiezo a cansarme de escuchar, desde fuera de España, ciertos reproches que apuntan al supuesto excesivo protagonismo del Madrid y del Barça en la Liga. La dualidad que domina nuestro campeonato, esta idea de que nadie es capaz de hacer sombra a los dos grandes, puede resultar peligrosa y quitar mérito a las victorias merengues y culés. De ahí la necesidad de otras rivalidades que la típica Madrid-Barcelona para animar la competición. Por ello, no me parece mala esta tensión creciente entre Osasuna y el equipo blanco. Esta rivalidad alimentada últimamente, por ejemplo, por los celos que desata Cristiano o por algunos errores arbitrales, ofrece a los jugadores de Pamplona nuevas razones para sublimarse y forzar a los madridistas a sacar lo mejor de sí mismos.
La rivalidad, cuando se queda en lo puramente deportivo y no provoca violencia ni insultos, me parece realmente productiva. Hace pensar a los pequeños que tienen que pelear con los grandes. No conozco a ningún futbolista de Osasuna que quiera forzar una quinta amarilla para evitar enfrentarse al Madrid (no como otros han hecho pensando en el Barcelona). Bendita rivalidad.



