Sin talento no hay paraíso

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Cuando se habla de la Selección española campeona del mundo se suele decir que estamos frente a la mejor generación de futbolistas de la historia de España. Con Francia pasa todo lo contrario. Laurent Blanc, el nuevo seleccionador, no puede hacer milagros porque sólo tiene a su disposición un grupo de jugadores de clase media donde domina cierta mediocridad. Claro que Benzema, Lloris y Malouda rebosan de talento pero no bastan para dar a los Bleus la competitividad necesaria. Están mal acompañados. ¿Llegamos a los límites de la tan laureada formación "a la francesa"? ¿Está influyendo el bajo nivel de la liga gala? ¿Son ineptos los dirigentes del fútbol francés?
En cada una de estas preguntas se encuentra parte de las razones del desastre de la selección y parece que los franceses nos tenemos que preparar para una larga travesía del desierto. Porque, además, falta este mago que, cuando apareció, nos llevó a la cima. Hablo de Raymond Kopa en los 50, de Michel Platini en los 80 y de Zinédine Zidane a finales de los 90 y principio de los años 2000. Sin un referente de esa categoría la selección francesa no es nada. O casi nada.



