Como el Atleti, no hay ninguno...

Como el Atleti, no hay ninguno...

...el Atleti, el Atleti, el Atleti es cojonudo. Así se completa la rima, cuya grosería me perdonarán por la circunstancia del momento, por la tradición futbolera (así le cantaban al inolvidable Iríbar en San Mamés) y porque hasta existen unos espárragos con esta marca, y que verdaderamente lo son. Perdóneseme, pues, este exceso con ocasión de una victoria que, francamente, no esperábamos, y que vino a coincidir con el feliz estreno de Manolete en el Carrusel Deportivo. Un gran inicio de curso para todos: para el Atlético y para nuestra Liga, que acredita su peso. Y para el Barça, cuya exclusiva racha de seis títulos ya no se ve amenazada.

El Atlético le debía este favor al Barça, decía yo en la víspera, por todas las veces que le ha ganado en los últimos tiempos. Más que nadie. El Atlético es especialista en imposibles, ya se sabe, así que del mismo modo que el Barça no acabó la liga pasada invicto sólo por su culpa, ahora ha puesto en solfa la categoría del Inter, que no le hizo ni un arañazo. Dos sustos al principio, el penalti (este De Gea es un coloso) fallado con todo el pescado ya vendido... En realidad, nada. El Atlético controló bien el partido, exhibió músculo atrás y talento arriba, donde tiene mucho más que casi cualquier otro: Forlán, Reyes, Simao, el Kun...

Muy bien Quique Flores con su defensa de cuatro centrales, que sirvió. Decepcionaba en principio no ver a Filipe Luis, el recién llegado, pero habrá tiempo para todos. Lo importante era empezar esta temporada con noticia feliz, bajo las luces de toda Europa, en el bonito jardín de los Grimaldi. Firme atrás, sobrio en la media, inspirado arriba. Ese fue el Atlético. Campeón claro a pesar de que le robaron un penalti como un templo (que debió acarrear la suspensión de Chivu) al poco de empezar el partido. Ojo, que este Atlético está armado y se tiene fe. Quién sabe si la Liga bipolar no se convierte en un 'ménage à trois'. Felicidades, en fin.