Casillas, después de su torneo más difícil
Casillas fue al Mundial con un problema a cuestas: su floja temporada. Incluso algunos de sus incondicionales, entre los que me cuento, llegamos a dudar por una vez de él. En ese sentido, me pareció bien que fuera Víctor, no como número tres, sino como número uno alternativo. Una vez allí, a ese problema se unió otro: la lectura equivocada que en muchos ámbitos se hizo de la presencia de su novia, Sara Carbonero, como reportera a pie de campo. Aquello llevó incluso a cometer pecado de ligereza al presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa, y provocó una portada estrepitosa en The Times.
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Pero Sara Carbonero no estaba ahí por ser novia de Casillas. Sara Carbonero es periodista deportiva desde hace tiempo, tanto como le permite su juventud. Que yo sepa ha trabajado en Radio Tarancón, en Radio Marca, en La Sexta y en Telecinco, y siempre bien. Con Telecinco ya estuvo hace un año en Sudáfrica, en la misma tarea, en la Confecup y entonces no era novia de Casillas. El romance sobrevino después. Ante eso, ¿qué hacer? ¿No ir él, no ir ella, no ir ninguno o ir los dos? Fueron los dos y los dos hicieron su trabajo. Y el de ella no era agitar el morbo, sino hacer lo que siempre ha hecho: un trabajo serio y formal.
Ahora que ha pasado todo, es admirable ver cómo Casillas se ha manejado en este mes tan difícil, con la seguridad y sencillez con que suele hacer las cosas. Fue de menos a más, resultó decisivo en los tres últimos partidos y dejó como imagen final ese beso de amor que fundió el fútbol y el cine, los dos grandes pasatiempos de nuestras vidas. "Esta generación hará algo grande", me aseguraba muy serio hace ya algunos años. Me pareció entonces demasiado optimista. Pero tenía razón. Esa lucidez que siempre le acompaña le había permitido ver lo que estaba por venir. Esta generación que él capitanea tiene una madera especial.




