El mundo se mira en España
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Joachim Low, el seleccionador alemán, quedó hechizado con el calentamiento de los españoles. Ha repetido varias veces que quiere que los alemanes sean como nosotros. En Inglaterra, están teniendo lugar la repetición cíclica de fracaso-reflexión catastrófica de cada resaca de un Mundial y se apunta que el futuro pasa por repetir lo que se hace en España (centralización de la filosofía de cantera, priorizar la técnica individual, dejar de obsesionarse con la altura de los chavales, priorizar la técnica al físico...). En Francia no sale el talento que pobló Clairefontaine no hace tanto y también están analizando el comportamiento de los futbolistas españoles en búsqueda de respuestas, incapaces de entender cuándo fue que los suyos empezaron a sentirse los dueños de la camiseta nacional. En Brasil nos llaman el nuevo Brasil. ¿Cuál es el secreto?
Hay algo de accidente en la aparición de un puñado de jugadores de tantísimo talento. La cantera del Barcelona (y la del Valencia, el Real Madrid, el Espanyol) ha producido jugadores desde hace décadas, pero raramente del nivel de Iniesta, Xabi, Piqué o Busquets. Villa, quizá el mejor killer del mundo, parece salido de generación espontánea. Ciertamente la Selección española se está beneficiando del acierto de apostar por el juego que nos hizo apropiarnos del balón hace tres años, pero, ¿sirve nuestro modelo en otras partes dónde los jugadores tienen más físico o otra mentalidad? Quizá sólo una cosa: en Italia se dice con razón que nuestro éxito procede de los preparadores de las divisiones inferiores, el que hace unos años fue identificado como el santo grial del fútbol. Sea como sea, el mundo mira a España.




