Un pésimo lector del fútbol
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El Mundial es una competición que marca hábitos, escribe leyendas y descubre todo tipo de teorías. Todo ello con sólo siete partidos si tienes suerte. Se ha escrito muchísimo, por ejemplo, sobre los problemas del fútbol africano, como si Argelia y Costa de Marfil fueran igual. Me pregunto si los africanos hablan así de los europeos: "¡Qué mal le va a los europeos!, mira a Francia, Italia y Eslovenia". Se dice que los sudamericanos son los triunfadores y se expone su nivel físico y su técnica individual para amaestrar un balón rebelde como razones de su éxito. Un Mundial expone tus carencias porque no hay sitio donde esconderse. Y Maradona se ha descubierto como un escritor de portadas y un pésimo lector del fútbol.
Es el entrenador ideal para estos torneos cortos, o sea, donde la atención es máxima, los gestos son sobrevalorados y hay menos tiempo para cuidar de esos detalles que hacen que Mourinho, Benítez, Ferguson o Guardiola sean lo que son. Los seleccionadores son pintores de brocha gruesa por falta de tiempo, aunque eso encaja con lo que Maradona es: encantado con que se pueda tener un impacto tan sensacional con tan poco trabajo, un comodón buscador de oro en una joyería.




