España pasa: ¿consiste en eso?
España pasa como campeona de grupo. A eso habíamos venido. Nos toca, por tanto, cruzarnos con Portugal en octavos. Portugal es una roca y eso ya se sabía; suerte que a Cristiano Ronaldo estas citas superiores le obsesionan tanto que no termina de ser él mismo. Pero es un rival muy fuerte para lo que hasta ahora se está viendo de España. No es la España que hemos visto estos dos años ni la misma que se clasificó. Es un equipo más prudente, sin el mismo encanto y que empieza a cargarse de dudas. Espero que estas dudas se resuelvan ahora tras la derrota ante Suiza, dichosa derrota, que creó dudas de fe al seleccionador.
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El fútbol es un juego y como tal está sometido al azar. Lo que el día de Suiza nos salió mal, aquel rebote que acabó en el gol suizo, ayer se nos dio bien: Bravo, uno de esos porteros que confían demasiado en su juego con el pie, salió donde quizá no debía, sobre todo despejó donde no debía, y se comió un precioso gol de Villa. A partir de ahí todo fue cuesta abajo para el equipo español, y más después de que Iniesta terminara una jugada con un bonito pase a la red, un detalle de superclase. A partir de ese segundo gol estaba claro que España tenía resuelto el partido y hasta el primer puesto del grupo.
La segunda mitad trajo el gol de carambola de Chile y un feliz pero fugaz tramo de tiqui-taca, cuando Torres, que sigue sin estar para nada, dejó el puesto a Cesc. Un rato de bonito fútbol, pero alguien debió de caer que con el 2-1 las dos selecciones se clasificaban aun en la eventualidad de que llegara un gol suizo. No sé ni se sabrá quién lo dijo primero, ni siquiera si lo hizo alguien. Pero el caso es que el final del partido fue un pacto de no agresión que empezó con cierto disimulo y acabó en un descaro doloroso. Un feo broche para este grupo del que España sale campeona pero con menos prestigio del que trajo al Mundial.




