Jabulani, el pepino tenía un nombre
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Me recordaba Zubizarreta que el balón del Mundial no merece la confianza del gremio. Bravo, meta de Chile, ha dicho que parece una pelota de Nivea, y Julio César, el de Brasil, que se podría vender en los supermercados de Ipanema como un buen balón de playa. Como son voces autorizadas, ayer decidí fijarme en el vuelo del artefacto. Y sí, me pareció que el Jabulani es un pelín ingobernable. Cuando el balón de Sudáfrica vuele en Johannesburgo, a 1.750 metros de altitud, puede parecer la nave de Luke Skywalker sin gasolina. Porque a más altitud, más velocidad de balón, trayectoria más variable y más ligereza.
Me gustaría echarle a esto parte de la culpa del gol de Arabia. Puede que Casillas se viera sorprendido por la trayectoria del pepino, pero fuera así o no hay debate con la portería. Pero no sólo en la de España, en todas. El Jabulani es malo para los equipos con precisión en el pase (como España) porque no es fiable en su trayectoria; bueno para los pegadores (como Cristiano, rival potencial en octavos) a balón parado justo por lo contrario y pésimo para los porteros precisamente por esto. Podemos ver algún gol lejano y sorprendente en el Mundial.




