El Príncipe echó un buen rato con La Roja
Mientras el Madrid presenta o no presenta a Mourinho, La Roja ha empezado la cuenta atrás para el Mundial. Nuestros internacionales han tenido su semana de relax, más que de vacaciones, para olvidar la fiebre competitiva que les abrasó hasta hace poco tiempo, y ahora están otra vez ahí. El Príncipe Felipe estuvo en esa primera jornada, dando saludos, abrazos y medallas. Hay un punto alegre y confiado en este grupo, campeón de la Eurocopa, representante de una vieja nación a la que sólo los éxitos deportivos dan alegrías y unidad. Éxitos que son muchos desde hace algunos años. A ellos se suma la selección de fútbol.
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Y me gusta, porque ya era hora. Este es un equipo al que la historia no había tratado bien. Tuvimos una gran selección en los treinta, pero al Mundial de Uruguay (1930) no fuimos por ahorrar dinero, en el de 1934 topamos con la selección local, la Italia de Mussolini, que nos echó, con necesidad de desempate, de forma más que polémica. Para 1938 estábamos enfangados en nuestra guerra civil y nuestros mejores jugadores de gira, con una Selección de Euskadi que, dicho sea de paso, hizo leyenda. Tras la guerra, nada fue igual. Cuando nuestro fútbol se repuso fue a través de Kubala y Di Stéfano, del Barça y del Madrid.
Hubo, sí, aquel relámpago de la Eurocopa de 1964, con el gol de Marcelino. Pero antes y después el nuestro fue más bien un fútbol de clubes y jugadores importados, sin esencia ni estilo. Ahora tiene esencia y tiene estilo, tiene una Eurocopa, tiene un capitán guapo y simpático, Casillas, un sabio que lo mueve todo, Xavi, y unos tales Silva, Iniesta, Villa, Piqué, Torres, Sergio, Puyol y demás, que lo bordan. Y un Príncipe alto y rubio, como de cuento, que acude a saludarles en su primer día de trabajo. No sé qué pasará, pero hoy por hoy no queda lugar para el pesimismo. Estos cuentan para el Mundial tanto como el que más.




