La eterna rivalidad Madrid-Barcelona
La primera Liga se disputó en 1929. Ahí estaban ya el Madrid y el Barça que, como el Athletic, nunca han dejado de estar. Al terminar la última jornada, Madrid y Barça estaban empatados, a puntos y en el 'goal average' particular. Pero al Barça le quedaba un partido aplazado, la visita al Arenas de Guecho. Ganándolo o empatándolo era campeón, pero perdiéndolo, aunque fuera por solo un gol de diferencia, el 'goal average' general se le estropearía lo justo como para que el Madrid se llevara el título. Durante una semana, los aficionados contuvieron la respiración. Al cabo de ella, el Barça ganó en Guecho y fue campeón.
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Eso en 1929. Hace cincuenta años justos, volvieron a terminar empatados, con ventaja final para el Barça en el 'goal average' general. Eran el Barça de Kubala, Suárez y Ramallets, y el Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento. Saco estos casos a relucir, como podría sacar otros, en homenaje a esta tremenda rivalidad, tan antigua como nuestro fútbol, y que ha sido la hormona de crecimiento del mismo. Se miran con desconfianza, se retan, se temen, se envidian, se necesitan. Hoy van a completar un campeonato descomunal, en la mayor agarrada que jamás hayan sostenido. Las cosas siempre pueden mejorar, ya se sabe.
Los puntos que cualquiera de los dos tiene hoy le hubieran servido para ser largamente campeón en cualquier temporada anterior, pero se han exigido tanto el uno al otro que ambos han llegado a la frontera de los cien. Ganará el Barça, supongo, y será el último partido de Pellegrini en el Madrid, supongo también. Pero al menos pudo permitirse ayer el lujo de decir que el que le suceda tendrá que hacer cien puntos. Respecto a Guardiola, podrá sentirse profundamente satisfecho: no habrá este año seis títulos, pero si, como todos imaginamos hoy, gana la Liga del récord, habrá vuelto a hacer algo grande.




