Yo digo Guillem Balagué

Un club que nunca debe desaparecer

Guillem Balagué
Redacción de AS
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El Fulham es uno de esos equipos que debería existir en todas las grandes ciudades. Imagínese: un londinense podría apoyar al vecino Chelsea o, por fastidiar, a sus rivales del Tottenham o Arsenal. Pero no. La gracia del fútbol no está solamente en ganar (sólo cuentan con una final de Copa en 131 años de historia, la más antigua de la capital), ni siquiera en perder la mayor parte del tiempo. Formar parte de una entidad como el Fulham te ayuda a apreciar otras cosas. Ha tenido un portero de Gibraltar, ha contado con un viejo Bobby Moore y un alcoholizado George Best en sus filas y hasta un presidente comediante. No es que fuera gracioso, sino que su profesión era justamente esa. Después un millonario egipcio le salvó de una casi segura desaparición y a base de poner dinero en el club (no mucho, tampoco poco, pero cada año unos cuantos millones de libras) les ha mantenido en primera sin grandes estridencias, ni presiones.

O sea: ser del Fulham consiste en ponerse la camiseta cada dos semanas, pasear por uno de los barrios más elegantes de la capital inglesa, entrar a uno de los estadios más ingleses (por coqueto, pequeño, antiguo, ruidoso), empatar o perder a menudo, buscar en la gradería a algún famoso y volver a casa a dedicarse a otras cosas, seguramente más importantes, pero casi ninguna tan apacible como pertenecer a un club tan particular como éste que se enfrenta hoy al Atlético en su partido más importante.

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