Atlético-Liverpool y una camiseta rota
El choque de cuartos entre el Atlético y el Valencia nos deja al equipo madrileño como semifinalista y a un Valencia irritado porque el árbitro le negó un penalti como un sol. Penalti por agarrón severo de Juanito a Zigic, cuando éste podía cabecear con ventaja a portería. Visto lo visto, me pregunto para qué vino el correspondiente juez de gol. Puede ser que el árbitro no lo vea, puede ser que el linier no lo vea, pero el juez de gol... Quien sí lo vio fue la tele, y a través de ella lo vimos todos, con el añadido de la camiseta rota del gigantón Zigic. Esa jugada justifica las iras posteriores del Valencia, porque ahí pudo estar la semifinal.
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Pero el fútbol es un juego de instantes. Pudo estar ahí la semifinal, como antes en un remate violento de Villa al palo, o antes de antes en el de Forlán que César desvió también al palo, o antes de antes de antes en esa de Ujfalusi... El cero a cero final es reflejo de un partido malo, nervioso y desparramado, que sólo al final tuvo el interés que le supo meter el Valencia en su desesperación. Con Zigic arriba, con la voluntad de todos, con el Atlético encogido y fatigado, con ese punto agónico del fútbol a cara o cruz. Fue un final intenso y emocionante para un partido en el que los dos perdieron demasiado tiempo en verlas venir.
Pasó el Atlético, y será ante el Liverpool. Al Valencia le queda el dolor de ese penalti birlado, de esa camiseta rota, de ese pezón al aire. Al Atlético, la ilusión de una semifinal europea ante el Liverpool, enemigo cordial, el equipo del Niño Torres, de Reina Júnior, el Spanish Liverpool. No fue un gran partido, pero fue fútbol del que sangra, del que deja recuerdo para muchos años. A su manera, el Atlético va componiendo una temporada grande: finalista de Copa, semifinalista en la Europa League. Dos calles por las que llegar a Neptuno. Y el Valencia cae eliminado, pero no vencido. Platini: ¿de dónde sacas esos jueces de gol?




