Cuando el Sevilla fumaba cajetilla...
Cuando yo era chaval existía cierta entente entre el Madrid y el Sevilla, o así me lo parecía. El Sánchez Pizjuán se construyó un poco sobre los planos del Bernabéu y los niños madridistas recitaban: "El Madrid fuma puros, el Sevilla cajetilla y el guarro del Atleti recoge las colillas". Los del Atleti lo recitaban igual, pero al revés. Es decir, que en lo que todo el mundo estaba de acuerdo era en que el Sevilla fumaba cajetilla. Eran los años en los que el Madrid no sentía otro enemigo verdadero que el Atlético. El Sevilla era mirado con buena cara, vestía igual que el Madrid, era 'equipo de campanillas'. Y fumaba cajetilla, según esa copla.
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Pero el Sevilla ahora fuma puros, y claro, ya no es lo mismo. Ya se miran de otra manera, y hace algunos años que los partidos entre ambos son tremendos. Para el Madrid de hoy, jugar contra el Sevilla es como quitarse una muela, porque aplica siempre una energía y una velocidad que le desconciertan. Y juega muy bien. Basta cerrar los ojos para recordar escenas de brío y rivalidad entre estos dos equipos, que se baten hasta la extenuación cuando se encuentran. Al Madrid, encima, el partido le viene en vísperas de la visita del Lyon, mal momento. Y la designación de Iturralde la ve como una broma macabra.
Pero la miga del cambio está, decía, en el puro. El Sevilla es un grande. Del Nido lo cogió lleno de deudas y de confusión y lo ha convertido en otro club. De cuando en cuando hay en el fútbol quien hace bien las cosas, y éste es un ejemplo claro. Cuando hay orden interior, pasan los jugadores y hasta los entrenadores y el equipo sigue marchando bien. Se puede vender por mucho dinero (Reyes, Baptista, Sergio, Alves, Keita...) y no desmerecer. Se puede eliminar al Barça de la Copa y presentarse en el Bernabéu con cara de juez de la Liga, todo eso, metido aún en Champions. Sí señor, este Sevilla ya fuma puros.




