España nos ha retratado

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Prefiero reírme de ello, por miedo a tener que llorar un día". Este verso, escrito por el dramaturgo francés Beaumarchais, resume a la perfección el estado de ánimo del pueblo galo después de la humillante derrota frente a España. Digo "pueblo" porque cuando se trata de la selección nacional de Francia más personas que los simples aficionados al fútbol se sienten implicadas. Sobre todo, desde de la gloriosa, pero lejana, conquista del Mundial de 1998. Mucha gente, muchos ilusos como yo, pensábamos que, una vez superada la terrible fase de clasificación, y con tantos buenos jugadores pertenecientes a clubes importantes como el Real Madrid, el Manchester, el Barça o el Lyon, íbamos a recobrar un juego y una fuerza dignos, por lo menos.
Pero frente a la mejor selección del planeta, no se puede mentir. Cualquier fallo o simple debilidad se paga al contado. El miércoles, en el mismo escenario desde el cual alcanzamos el cielo hace doce años, la Roja nos ha retratado. Decía Del Bosque que este partido era un test que le venía muy bien a cada equipo. Tenía razón. Los franceses sabemos ahora claramente que, como publicó ayer L'Equipe, estamos en otro mundo. Una lección de humildad que parece aceptar la inmensa mayoría de mis compatriotas. Como no soy un traidor a mi patria, me pondré con orgullo la camiseta azul el 11 de junio cuando empiece el Mundial. Pero, si me lo permiten, tendré a mano la camiseta roja porque creo que la necesitaré muy temprano.



