Francia o el arte de saber competir

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Me gusta cómo piensa Del Bosque. El pasado viernes, en Las Rozas, le pregunté al seleccionador nacional lo que opinaba del victimismo que rodeaba los bleus. Ya que mucha gente, en mi país, cree que la Roja le pueda dar un repaso a la selección gala, en todos los aspectos del juego. Este viejo zorro del fútbol (eso dicho con el mayor cariño del mundo) me contestó que no entendía, ni se fiaba, de este sentimiento tan negativo acerca del conjunto capitaneado por Henry. Del Bosque no es menos sabio que su antecesor y su gran experiencia en el deporte le ayuda a no caer en el pecado del menosprecio al rival. El ex entrenador del Madrid es consciente de que Francia puede ser mucho mejor equipo de lo que aparentó en los últimos meses.
Por supuesto que estoy de acuerdo con él porque la selección francesa, que alcanzó la cima en el Mundial del 1998 y en la Eurocopa del 2000, lleva ahora en sus entrañas algo que le faltaba antes de estas dos maravillosas conquistas: la competitividad. Se dice en el país vecino que "la cultura es lo que queda cuando se ha olvidado todo". Adaptando esa frase filosófica al deporte afirmaría que "la competitividad es lo que queda cuando ya no se sabe jugar". Y Francia puede vivir de ella. En el 2006, casi fue eliminada en la primera vuelta y fue capaz de llegar a la final del Mundial celebrado en Alemania. Ahora está en Suráfrica después de una impopular repesca frente a Irlanda pero está. Y es lo que cuenta. Competitividad, allí reside la clave.



