El 'publivillarato' y los veintitrés
Ya sabemos por qué han llamado a veintitrés para el partido contra Francia, en el que no podrán jugar tantos. Yo soy tan bienintencionado (lo crean o no) que pensaba que era para alejar polémicas, para distanciar esos debates más o menos estériles que creamos entre aficionados y prensa (que venimos a ser lo mismo, carne de ingenuidad), para evitar enredos sobre si Llorente o Negredo, sobre si Diego López, Palop o Víctor Valdés, para decirle a Reyes que ha espabilado demasiado tarde. O para decirle a Navas que ánimo, que es buenísimo, que contamos con él. Para eso creímos que eran los veintitrés.
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Pero no. ¡Seré pardillo! Había que definir los veintitrés para ir rodando los anuncios, a fin de que estén bien preproducidos, postproducidos y retocados en su momento. Por eso hoy, a primeros de marzo, antes de que acabe el invierno, ya tenemos los veintitrés que a principios del verano disputarán el Mundial. Esta convocatoria viene a significar lo que en el Madrid castizo se dice de la corrida de la Beneficencia: el que ese día no está en Las Ventas es que no es nadie. Veintitrés cabales están en la cita. Los demás, en casa, rumiando su ausencia. Los elegidos se emplearon ayer en cuatro anuncios y un entrenamiento. Para disimular, claro.
No tengo nada contra ellos, por supuesto. Ni siquiera puedo decir que mi lista hubiera diferido en uno solo de los elegidos. Pero me siento un poco solidario con los que no están, no ya porque no vayan a tener ni un minuto ante Francia (varios de los citados no lo tendrán) sino porque no estar en ningún anuncio les inhabilita. ¿Cómo meterse en la lista, si no se está en el anuncio? ¿Cuántos goles, cuánto trabajo serio, sordo y severo hará falta, si los anuncios ya están grabados? Alea jacta est. Vae victis. Por cierto, ese dinero que rinden los anuncios, ¿quién se lo queda, en qué se emplea? Lo tengo que preguntar.




